GREEN IS GREEN

«Cada mañana me traía una nueva invitación a conferir a mi vida igual sencillez, y me atrevo a decir inocencia, que la de la Naturaleza».

«En medio de una suave lluvia […] me di cuenta de la dulce y beneficiosa compañía que me reportaba la Naturaleza, con el tamborilear acompasado de las gotas y con cada uno de los sonidos e imágenes que arropaban mi casa. Era una sensación de solidaridad tan infinita e inefable, cual atmósfera que me guardara en su seno, que hacía insignificantes todas las ventajas imaginarias que pudiere comportar la vecindad humana, en las que no he vuelto a pensar ya desde entonces».

Herny David Thoreau, Walden. (1845-1847)

La hermenéutica es el arte de la interpretación y, en último término, de la traducción. El origen de su nombre se remonta al dios mensajero Hermes, considerado como el padre del lenguaje. Si bien es cierto que las filosofías hermenéuticas son varias y variadas, en Gadamer se alcanza una teoría más o menos sistemática que, en líneas generales, funda una teoría de la verdad en la que la interpretación, a partir de las experiencias subjetivas, da como resultado una traducción que permite la comprensión.

Un ejercicio similar es el que motiva Green is green, del pintor Félix Coll, quien cuenta que Walden, el famoso libro de Herny David Thoreau, cayó en sus manos en un momento perfecto de su vida. Fue un ejemplar en catalán, al principio, en inglés, luego, y en castellano, al final, lo que le dejó embelesado por la experiencia ascética de Thoreau. Tras un tiempo y tras tres idiomas, Coll comenzó a traducirlo al suyo propio: la pintura, convirtiéndose así en un Hermes de Thoreau.

«Es cómo me gustaría que fuera mi vida», dice, y no solo la suya, sino la de la ciudad. Razón por la cual abunda el verde, ese color tan ausente en los parques y las zonas públicas de Palma. Ese mismo color que es, sin duda, el primero que viene a la mente al leer sobre los años que Thoreau pasó en los bosques de Nueva Inglaterra.

Es, pues, una mirada hacia dentro y hacia fuera. Una suerte de fenomenología de un anhelo, un suspiro o, si se prefiere, hasta un sueño. De ahí las imágenes, algo oníricas, siempre idílicas, de un entorno seguro, pacífico y natural del que se carece, pero que se desea.

Walden es el espejo en el que se refleja el interior de Coll, del mismo modo que es el resultado del mirarse a sí mismo de Thoreau. Se pintan paisajes y escenas en un equilibrio entre lo que se tiene y lo que no, pero sobre todo entre lo que se posee y lo que no se necesita, aquello que sobra y lo que falta. Por ello, Green is Green rebosa vegetación, verdor y conexión espiritual con la naturaleza, elementos echados a faltar.

Y una mirada hacia afuera. Un lanzar la vista hacia el exterior desde la ventana de la cabaña inherente al pintor.

Ese refugio interno desde el cual los ojos se proyectan a través del pincel para descubrir un futuro próximo y posible: hijas e hijos jugando felizmente ante la atenta mirada del padre, o animales disfrutando del uso que el hombre hace de lo que la Naturaleza le da. Un retorno sano, una simbiosis inteligente, beneficiosa, como lo fue la de Thoreau desde su contemplativa estancia en Walden.

Green is green es la invitación que Coll aceptó por parte de Thoureau y su Walden, y ahora suya es la invitación para repensar nuestra vida, la tonalidad que falta en ella y descubrir que pertenece a la escala del verde. Todo ello, a través del lienzo de Félix, el Hermes de Thoreau y su traducción a la pintura de Walden.

Fèlix Coll (Palma de Mallorca, Islas Baleares) empieza sus andaduras en la pintura desde la adolescencia. Es en esta etapa vital cuando empieza su formación en diversas escuelas y talleres artísticos.

Su obra, hasta la fecha, está en constante evolución técnica y tiene como principal vía de desarrollo la pintura y el dibujo. Pero ante todo, se considera pintor, ya que la disciplina que más representa a su obra es la pintura.

Es mediante este lenguaje con el que se siente capaz de contar historias. Fèlix nos comenta: ‘Son el reflejo de mi día a día y me sirven como pretexto para poder realizar mis obras. Estas historias suelen provenir de vivencias propias, algunas de ellas vitales.’

Sus últimos trabajos intentan ser cada vez más sencillos y viscerales. El uso de colores luminosos y fluorescentes aportan a las obras cierta alegría, sin tener que ser insustanciales por ello. Mediante pocas pinceladas e intentando alejarse de virtuosismos, intento tejer la obra, obra que invita a que el espectador “entre” y forme parte de esta vivencia, su vivencia.

Podéis encontrar la obra de Fèlix Coll en Igallery Galería Arte.