Una reflexión sobre el término isla, cercano al concepto tierra de nadie

La obra de Aldo García (Las Palmas de Gran Canaria, España) se basa en el estudio del término ‘Tercer Paisaje’, creado por el francés Gilles Clément. Dicho término es empleado para definir esas zonas situadas en los exteriores dentro del interior de la urbe, que ya no obedecen a los patrones establecidos de ciudad contemporánea. A consecuencia del desarrollo económico estas áreas pasan a ser espacios rechazados y olvidados a vista de la sociedad.

La investigación de Aldo parte de la observación y de una incómoda sensación de que esta no alcanza a producir entendimiento ni concordancia con su propio entorno y la gente que lo habita. En su proceso de reflexión, el artista llega a cuestionar lo que entendemos por posmodernidad: ‘Nos resulta tan raro el pasado como el presente, sospechamos de los fundamentos sobre lo que ocurre, y hasta lo más cercano nos parece extraño’.

La exploración de este término llamado Tercer Paisaje nos da la hipótesis de un posible Tercer Paisaje Social. Una amplia zona de comportamientos, símbolos, dichos, opiniones, gustos… que permanecen en tierra de nadie, que no responde a ningún paradigma coherente y operan como restos zombis de pasados sin continuidad posible o incluso, de un supuesto futuro fuera de nuestro alcance.

Este tercer paisaje forma parte de las mayores inquietudes de Aldo, abarcando temas relacionados con la arquitectura, las formas de habitar, la cultura asociada a la aceleración desmedida en la que vivimos y la asociada a las formas que deja obsoletas sin llegar a sustituirlas.

Un día bajamos del árbol y empezamos a andar. Debimos sentirnos muy poderosos desde esa postura; no sabíamos que nuestro destino era caminar entre promesas incumplidas. Ese día comenzó un paulatino alejamiento de la naturaleza y comenzamos a construir nuestro propio destino, cubriendo el mundo con una capa de cultura que hoy lo cubre todo ya por completo.

Ya no tenemos que cambiar de lugar, ahora el lugar es lo que cambiamos; desarrollándonos en un entorno en constante metamorfosis que se adapta a unas subjetividades invisibles, generadas por el propio devenir político y cultural.

Las modas y las tendencias sociales forman parte de los nuevos nomadismos, que nos obligan a tener que adaptarnos vertiginosamente a todo aquello que nos muestran como nuevas necesidades o adversidades. Haciéndonos creer que poseer es igual a progresar, y que todo aquello que no sigue el ritmo, simplemente, es abandonado. Prisas nómadas que generan un abandono que da lugar a la ruina coetánea.

Idea de isla como promesa de prosperidad incumplida y como concepto en relación con los límites y las fronteras; una isla no te promete progresar, pero el progreso sí. Si pensamos en las características de una ruina o un solar no se alejan demasiado de lo que conocemos como isla; aislamiento, abandono, desconocimiento. Más si se trata de islas desoladas como Hashima o Isla Kantón.

Aldo García empieza a interesarse por las artes allá por el 2012. Se forma en ilustración para más tarde poder formarse en el Grado de Bellas Artes, por la Universidad de Tenerife.

Se focaliza en las artes mixtas, el dibujo, la pintura y la escultura para poder basarlo todo en la acción e instalación. Aldo se encuentra en una búsqueda de nuevos métodos para «leer la ciudad» al mismo tiempo que se interesa por las periferias tanto urbanas como culturales. Su trabajo responde directamente al entorno y utiliza las experiencias cotidianas del artista como punto de partida. A menudo, estas son instancias enmarcadas que pasarían desapercibidas en su contexto original, pero con un enfoque conceptual, tira de un imaginario visual que aborda muchos problemas sociales y políticos diferentes. Incorpora tanto el tiempo como el espacio, un universo ficticio y experimental que emerge solo.

Sus piezas no hacen referencia a formas reconocibles. Los resultados se deconstruyen bajo el curso volátil del significado y hacen que la posible interpretación se vuelve multifacética. Al fusionar varios mundos aparentemente incompatibles en un nuevo universo, crea momentos personales a partir de rupturas y omisiones, aceptación y rechazo, evidencia y metáfora, atrayendo al espectador en círculos.

Sus obras a menudo entran en contacto con la arquitectura y los elementos básicos de la vida. La energía (calor, luz, agua), el espacio y el paisaje se examinan de maneras menos obvias y, a veces, se desarrollan de manera absurda. Al aplicar la abstracción, trata de abordar una amplia escala de temas de una manera multicapa, hablando sobre todo del hogar, las formas de habitar, los comportamientos neoinstintivos, la insularidad, el aislamiento, la ruina y las promesas de prosperidad incumplidas.